¡Evitemos a que el Perú sea un pobre país!. Es mejor aceptar ser un país pobre que todo lo inverso. ¿Qué viene luego de éste episodio lamentable? -sin olvidar la reciente ola de frio en los andes-. ¡Qué hacer con éste revés en que las cifras preliminares arrojan : 510 muertos, 1 200 heridos, 80 000 damnificados, 40 000 viviendas destruidas. ¿Acaso no es pertinente preguntarse por el efecto posterior?. Aún la malaria se extiende, se eslabona en periodos no prolongados, con una tibieza de secuelas en los calendarios; como también es fresca la cicatriz.
Hace algún tiempo en una conferencia en la Maison de L’Amerique Latine, el profesor Carlos Eduardo Zavaleta reflexionaba sobre la suerte de catástrofes que había visto soportar al Perú durante sus setenta años de existencia…Y concluía : que aún seguimos latentes, en pie …¿ Sobrevivientes ?… Si bien es cierto, aquel mensaje nos dejaba una vía esperanzadora, también insinuaba una resignación hacia el caracter estoico que asumen los pueblos desfavorecidos en el meollo mismo de sus desgracias. Sería inapropiado enumerar aquí, todos los flagelos y plagas que han azotado al país con tal ensañamiento destructivo, sobre las otras marcas tormentosas que la población porta. Es aquí donde talvéz deberíamos detenernos; meditar : Los paises son eternos, la historia puede reescribirse ; obvio, pero, teniendo como eje la experiencia; único factor decisivo que debería guiar hacia una dirección con mejores trazos y modelos organizativos. Que no sólo sean los sismos, los que nos devuelvan la consciencia, ante la eventualidad, los peligros. La sensibilidad constante al quehacer integral de nuestros pueblos, posibilita el desarrollo, nos aproxima a la fortaleza como nación. Y, permite emerger de cuantas cenizas podamos sacudirnos.
Apostar por la unión en estos días; no como slogan o teoréma político, sino, como una verdad física, que inicie una suma. Una fuerza mayor que no sólo esté presente en los momentos de urgencia, sino como una acción organizada, sostenida, presta a contrarrestar cualquier mal; fenómenos que acechan no importa qué punto.
En cuanto a materia sísmica, no es ninguna novedad que la costa del Pacífico se mantenga en rojo, propensa a frecuentes trastornos telúricos, cuya referencia mayor está inscrita en Ancash el 31 de mayo de 1970 con un saldo fatal de 75 000 víctimas. Ello indica la vulnerabilidad a la que estamos sometidos. Y se hace más tangible aún, por la ya archiconocida precariedad e infraestructura nuestra.
Poner en marcha una política preventiva, es menos importante que preveer. Planificar todo cuanto sea posible por evitar nuevos desastres, nos volverá más responsables, algo maduros. Los hechos actuales nos exigen cavilar muy en serio planes y planos que superen el presente, es decir : avisorar sin la apatía malsana, la bondad de los espacios que el país concede en una relación comprometida con los dias siguientes. Los innumerables casos de negligencias en materia de construcción, se presentan como amenazas cuando bloquean u obstaculizan perspectivas a desarrollar. En tanto los planes y planos gubernamentales en materia urbanística se quedan en portafolios, alambres. O ni siquiera eso; empolvados en solitarios tableros; porque quizás el dibujante o el arquitecto están corriendo tras una visa, haciendo taxi, o intentando algún subempleo. Todo cuenta, juega su rol o añade su parte a la tragedia. Mismo la alternativa informal que tampoco garantiza el buen puerto, cuando “un metrito más puede convertirse en una calle menos” mientras las inspecciones: ¡Qué? ¿cómo? ¿qué es eso?…(sc) Existen conglomerados enteros entrampados en una gran bomba de tiempo, un caos crucial que huele a derrumbe pese a la tregua que otorgan los milagros; sin ir muy lejos: la tres veces fundada capital nuestra, es el gran mal ejemplo que se impone a lo largo y a lo ancho del territorio nacional. No se trata pues, de que un barrio se llame: « Que viva mi presidente » para que las cosas queden tal cuales, inmunes a una reubicación estratégica, técnica. Es clave asumir la responsabilidad con el futuro. Sobre todo ahora en que el planeta se mueve en todos los grados y ritmos. La tarea de descongestionar, volver más viables las ciudades se vuelve imperativa, un necesidad de primer orden en la cual todos debemos empeñarnos.
Qué no sólo sea « en el dolor hermanos » lo que nos una. Optemos por reconstruir con criterios más amplios el progreso, al cual tenemos derecho; los mismos que permitan elevar la calidad de pais, ciudad, pueblo, barrio, calle, casa, villa, parque que queremos. Que merecemos…Punto final aquí. Y, punto de partida a la cruzada solidaria por los damnificados de Ica y otras zonas afectadas, empezando por extirpar éste pobre razonamiento: que robe pero que haga algo. ¡No! Por favor, el mundo nos mira. Todo aquel que aspire o se empeñe a un cargo representativo, debe ser portador de una tranparencia a toda prueba. Mas no de contribuir a hacer del Perú un pobre país. En contra partida; debe reinvindicar su grandeza, ampliar su caudal milenario de trabajo comunitario con vistas hacia la luz, la superficie plena ; la recuperación ejemplar. ¿Cuál sería la parábola si se acepta dicho estribillo? ¿dar luz verde para que haga algo, aunque después lo robe todo?. No, ya es tiempo de reconocer el estado grave que el país atraviesa, socorrerlo, defenderlo sin la mínima ansia e intención de gloria, figuretismo, ni heroicidad cinco estrellas. Simplemente con el deber, el ejercicio cívico; un modo de aporte, devolución, erradicando cualquier apetito lucrativo.
¡Velemos porque las donaciones lleguen a su destino! ¡Involucremonos en la práctica de la cooperación y no en el comentario infundado, irresposable, gratuito! ¡Seamos sí, vigilantes ante galgos instintos delictivos, las calumnias mordaces. Totalmente implacables con quienes patean en contra la buena voluntad de los demás. Obremos en favor del desamparado, el desfavorecido E inscribamos en la memoria que: ante la más dura adversidad que se vive, estamos para obrar. ¡Pongamosle fuerza a la acción, a la solidaridad! Seamos presente ; capaces, futuro.
Hoy soy un solo cuerpo, un solo rostro. Mis manos son tus manos, mi piel es tu piel.
Hoy día me llamo Somos. No quiero llamarme ellos. Tú también serás Mañana…
mañana…mañana…Mañana Seremos… Si, algún día sólo seremos : Nosotros.
Ivan Blas-Hervias / París 2007
Hace algún tiempo en una conferencia en la Maison de L’Amerique Latine, el profesor Carlos Eduardo Zavaleta reflexionaba sobre la suerte de catástrofes que había visto soportar al Perú durante sus setenta años de existencia…Y concluía : que aún seguimos latentes, en pie …¿ Sobrevivientes ?… Si bien es cierto, aquel mensaje nos dejaba una vía esperanzadora, también insinuaba una resignación hacia el caracter estoico que asumen los pueblos desfavorecidos en el meollo mismo de sus desgracias. Sería inapropiado enumerar aquí, todos los flagelos y plagas que han azotado al país con tal ensañamiento destructivo, sobre las otras marcas tormentosas que la población porta. Es aquí donde talvéz deberíamos detenernos; meditar : Los paises son eternos, la historia puede reescribirse ; obvio, pero, teniendo como eje la experiencia; único factor decisivo que debería guiar hacia una dirección con mejores trazos y modelos organizativos. Que no sólo sean los sismos, los que nos devuelvan la consciencia, ante la eventualidad, los peligros. La sensibilidad constante al quehacer integral de nuestros pueblos, posibilita el desarrollo, nos aproxima a la fortaleza como nación. Y, permite emerger de cuantas cenizas podamos sacudirnos.
Apostar por la unión en estos días; no como slogan o teoréma político, sino, como una verdad física, que inicie una suma. Una fuerza mayor que no sólo esté presente en los momentos de urgencia, sino como una acción organizada, sostenida, presta a contrarrestar cualquier mal; fenómenos que acechan no importa qué punto.
En cuanto a materia sísmica, no es ninguna novedad que la costa del Pacífico se mantenga en rojo, propensa a frecuentes trastornos telúricos, cuya referencia mayor está inscrita en Ancash el 31 de mayo de 1970 con un saldo fatal de 75 000 víctimas. Ello indica la vulnerabilidad a la que estamos sometidos. Y se hace más tangible aún, por la ya archiconocida precariedad e infraestructura nuestra.
Poner en marcha una política preventiva, es menos importante que preveer. Planificar todo cuanto sea posible por evitar nuevos desastres, nos volverá más responsables, algo maduros. Los hechos actuales nos exigen cavilar muy en serio planes y planos que superen el presente, es decir : avisorar sin la apatía malsana, la bondad de los espacios que el país concede en una relación comprometida con los dias siguientes. Los innumerables casos de negligencias en materia de construcción, se presentan como amenazas cuando bloquean u obstaculizan perspectivas a desarrollar. En tanto los planes y planos gubernamentales en materia urbanística se quedan en portafolios, alambres. O ni siquiera eso; empolvados en solitarios tableros; porque quizás el dibujante o el arquitecto están corriendo tras una visa, haciendo taxi, o intentando algún subempleo. Todo cuenta, juega su rol o añade su parte a la tragedia. Mismo la alternativa informal que tampoco garantiza el buen puerto, cuando “un metrito más puede convertirse en una calle menos” mientras las inspecciones: ¡Qué? ¿cómo? ¿qué es eso?…(sc) Existen conglomerados enteros entrampados en una gran bomba de tiempo, un caos crucial que huele a derrumbe pese a la tregua que otorgan los milagros; sin ir muy lejos: la tres veces fundada capital nuestra, es el gran mal ejemplo que se impone a lo largo y a lo ancho del territorio nacional. No se trata pues, de que un barrio se llame: « Que viva mi presidente » para que las cosas queden tal cuales, inmunes a una reubicación estratégica, técnica. Es clave asumir la responsabilidad con el futuro. Sobre todo ahora en que el planeta se mueve en todos los grados y ritmos. La tarea de descongestionar, volver más viables las ciudades se vuelve imperativa, un necesidad de primer orden en la cual todos debemos empeñarnos.
Qué no sólo sea « en el dolor hermanos » lo que nos una. Optemos por reconstruir con criterios más amplios el progreso, al cual tenemos derecho; los mismos que permitan elevar la calidad de pais, ciudad, pueblo, barrio, calle, casa, villa, parque que queremos. Que merecemos…Punto final aquí. Y, punto de partida a la cruzada solidaria por los damnificados de Ica y otras zonas afectadas, empezando por extirpar éste pobre razonamiento: que robe pero que haga algo. ¡No! Por favor, el mundo nos mira. Todo aquel que aspire o se empeñe a un cargo representativo, debe ser portador de una tranparencia a toda prueba. Mas no de contribuir a hacer del Perú un pobre país. En contra partida; debe reinvindicar su grandeza, ampliar su caudal milenario de trabajo comunitario con vistas hacia la luz, la superficie plena ; la recuperación ejemplar. ¿Cuál sería la parábola si se acepta dicho estribillo? ¿dar luz verde para que haga algo, aunque después lo robe todo?. No, ya es tiempo de reconocer el estado grave que el país atraviesa, socorrerlo, defenderlo sin la mínima ansia e intención de gloria, figuretismo, ni heroicidad cinco estrellas. Simplemente con el deber, el ejercicio cívico; un modo de aporte, devolución, erradicando cualquier apetito lucrativo.
¡Velemos porque las donaciones lleguen a su destino! ¡Involucremonos en la práctica de la cooperación y no en el comentario infundado, irresposable, gratuito! ¡Seamos sí, vigilantes ante galgos instintos delictivos, las calumnias mordaces. Totalmente implacables con quienes patean en contra la buena voluntad de los demás. Obremos en favor del desamparado, el desfavorecido E inscribamos en la memoria que: ante la más dura adversidad que se vive, estamos para obrar. ¡Pongamosle fuerza a la acción, a la solidaridad! Seamos presente ; capaces, futuro.
Hoy soy un solo cuerpo, un solo rostro. Mis manos son tus manos, mi piel es tu piel.
Hoy día me llamo Somos. No quiero llamarme ellos. Tú también serás Mañana…
mañana…mañana…Mañana Seremos… Si, algún día sólo seremos : Nosotros.
Ivan Blas-Hervias / París 2007
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